Saving Mr. Banks (2013), de John Lee Hancock

Todos aquellos que hemos crecido junto a las películas (clásicas, por así decirlo) de Walt Disney deberíamos simpatizar con una película risueña que apunta directamente al recuerdo de nuestras generaciones. Quien más, quien menos, ha recuperado esas viejas películas guardadas en VHS. Incluso debe haber quienes en su día corrieron a convertirlas en DVDs para poderlas seguir reproduciendo. 

La nostalgia juega un papel muy duro cuando se trata de rememorar la infancia de uno, y de eso se sirve precisamente la marca Disney para hacer cajón. El sentimentalismo es, sin remordimientos, la columna vertebral que sostiene la película de John Lee Hancock, ganándose la asistencia de gran parte de los espectadores que alguna vez visionaron Mary Poppins (1964). 

Empero, desde las palabras de Meryl Streep en que calificaba al genial-empresario-de-la-felicidad de antisemita, misógino y racista, ha habido una fuerte discusión alrededor de la figura del padre de Mickey Mouse. ¿Hasta qué punto es moral ver las películas de un pro-nazi? ¿Sus películas guardan destellos de esos pensamientos? Esto sigue allí y seguirá, porque nuestro querido Walt, con su boca congelada, no puede respondernos.


No obstante, dejando a un lado este debate, la película Saving Mr. Banks (2013) tiene unos altibajos serios. Tanto te vienen ganas de dormir como de emocionarte. No consigo entender la gran puntuación que le dan usuarios de portales más o menos fiables como FilmAffinity o IMDb. Pero entiendo que la gente la valore bien por esos destellos de emoción que consigue desprender con la ayuda de otro film.

La película pierde toda su emotividad con un romanticismo empedernido, desmesuradamente rascado de una relación de amor entre un padre y una hija que crece eternamente enamorada de su progenitor.

Un constante flashback a la niñez de la protagonista pretende cogernos de la mano para viajar al mundo de nuestros recuerdos propios, creados por los mejores momentos de las películas de Disney. La idea es buena, pero eternamente lenta, desmesurada (repito) y cansina. 

Los niños que van a ver la película se llevan un chasco del bueno. Y si a un niño no le gusta la película, toda la sala se entera. Imagino todas las salas del mundo repletas de espectadores que llevan a sus hijos a ver de dónde surgió Mary Poppins, aquella película que les pusieron sus padres intentando que disfrutaran de una película moralmente bella y divertida. Pero los niños se levantan para ir a cagarse en la película.


Ésta no será de las opiniones más compartidas, de eso estoy seguro. Todo el mundo podrá llegar a soltar la lagrimita al ver las imágenes de Mary Poppins. Pero si el punto álgido de la peli es la secuencia de otra, ¿qué valor tiene la misma? Los minutos restantes son un caparazón comercial en la línea de la imagen que se vende del Walt Disney empresario. 

Y el personaje que preside el título. ¿Quién es Mr. Banks, un personaje ficticio, un personaje basado en una persona real o el mismo Walt Disney? El padre de família de Mary Poppins sirve para dar entrada al magnate de la empresa americana en forma de bigotito. Entonces, ¿estamos hablando sobre una película que pretende salvar la imagen de Walt Disney? Lo que sí es seguro es que vamos a su encuentro.


El punto fuerte de la película es ver el proceso por dentro, cómo trabajaba la mayor empresa de animación jamás vista y el dualismo de que de ella se desprende: una máquina de hacer dinero y una máquina de felicidad. 

La misma consideración que tenemos de la película desde fuera existe desde dentro enfrentando a Walt Disney y la señorita P. L. Travers, magníficamente interpretados por Tom Hanks y Emma Thompson, quienes ponen cara y ojos a una película que, si es olvidada, no pasará absolutamente nada.


1 comentario:

  1. Terrible lo de Disney, Mary Poppins, etc... Yo me siento victimada. Más que nada porque lo que para Disney fue una ficción de la que sacar jugosos beneficios -¡cómo no!- para mí es algo así como mi realidad cotidiana desde hace cuatro años.
    Toco empezó cuando... Bueno, es complicado y largo de contar. Tanto que lo hago por entregas, cada sábado, en el blog de Ludmila von Vampüren. Ya sé que es un flaco desahogo, pero ¿qué queréis? ¡Si vosotras os hubieseis caído en un mundo paralelo que parece sacado del bolso de Mary Poppins a ver cómo os las arreglabais!

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