Óscar a mejor película de habla no inglesa

Después de que Vincent Maraval, cofundador de The Wild Brunch (distribuidora de la última ganadora de la Palma de Oro) descartara adelantar el estreno de La vie d'Adèle (2013) porque la estatuilla de mejor película de habla no inglesa, en sus palabras: "a nadie le importa [...] Nos interesan las demás, las que importan de verdad", el premio quedó un poco huérfano de calidad.

- A lo mejor es que Hollywood tiene algo en contra de los franceses, que ya ganaron con Amor (2012) el año pasado.

Pues resulta que no, que fue a propósito.
 

Sin embargo, ante el desconcierto de aquellos que se preguntaban por qué no había estado nominada la película de Abdellatif Kechiche, se suma el de un pueblo resentido por el peso de la historia, que veía en Hořící keř (2013) un epígrafe de la memoria de su país. 

La primera producción de HBO Europe es una miniserie de tres capítulos basados en la historia real de Jan Palach, la primera “antorcha humana” que se inmolaba para abrir los ojos a la antigua Checoslovaquia en la Primavera de Praga. Su presentación a los Óscar en forma de película se vio obstaculizada por haber retransmitido el primero de sus episodios pasado el 30 de septiembre, lo que evitó un debate mayor sobre si una miniserie podía competir en este tipo de competición.


Al verla, me recordó mucho a la sensación que tuve con Jagten [La Caza] (2012), candidata seria al premio. Un profesor de guardería es acusado por sus amigos y vecinos de pedófilo, dando más validez a la palabra de una niña enamorada que, a partir de las imágenes vistas en una película porno, asegura que ha visto "una cosa que apunta hacia el cielo" del protagonista. La tortura psicológica es devastadora.


La misma tortura gana puntos de grandilocuencia con la historia de Hořící keř, donde una madre pierde a su hijo, convertido en símbolo, y aún así es víctima. Imagen de la nación misma. El papel de la memoria se materializa en la sencillez de un proceso judicial a partir de la figura de Jan Palach, quien detona la protesta y, al mismo tiempo, sus consecuencias. Técnicamente podíamos esperar mucho de HBO. La representación de la época es buena, pero más allá de lo que se desarrolla argumentalmente, se transpira un sentimiento callado que se entrevé a través de los ojos de la madre de Palach, la resistencia latente. Es en esos ojos donde la miniserie gana credenciales.

Y aquí una pregunta. ¿Está más bien considerada la referencialidad literaria y/o fílmica que la histórica? Se ha hablado largo y tendido sobre La grande bellezza (2013) de Paolo Sorrentino, sobre el alegato de la belleza del neón salpicando las grandes ruinas, la historia de la vida humana desde un punto de vista contemporáneo en las carnes de un escritor felliniano que se asemeja a un viejuno Marcello Mastroianni de (1963) con el ambiente de La Dolce Vita (1960) de atrezzo. Pero esa belleza encontrada en los despojos, fruto de nuestra evolución social, ¿es igual que la memoria de Hořící keř o Hiroshima Mon Amour (1959)?


A cada cual lo suyo. Yo le doy el premio a Hořící keř.

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