Alabama Monroe (2012), de Felix Van Groeningen

Lo que debía venir a ser una película pegadiza con un trasfondo de debate sobre la religión y el poder de América, se convierte en una aceptable recreación de la pérdida, donde hay alguna escena incluso bella con la música de por medio, pero que deja escapar un aroma a pastel que la desprestigia.

No obstante, al fín y al cabo resulta interesante cómo interacciona la americanización en toda la película. El Bluegrass pone el ambiente y los nombres tatuados ponen lo demás. 

Quizá se podría observar una conversación entre Europa y América, en cómo resbalan la una con la otra. El sueño americano sólo puede llevarse a cabo en la tierra de los cowboys. Bélgica no es país para soñadores. Sólo realidad.


No hay comentarios:

Publicar un comentario