Superbe


Hoy es un día feliz. Me he levantado a las ocho de la mañana recordando la desfragmentación de un sueño manipulado a mi gusto. Ayer fui a la cama pensando en el verbo morir, queriendo soñar en fase posmoRem. Habría quien habría preferido soñar con el culo de su ex en movimiento mientras la piel violenta que le envuelve encarnizaba la blancura hivernal de unas nalgas soltando alaridos al son del vaivén de una mano cariñosa.

Conduciendo por las orillas de la soledad del Cap de Creus ampurdanés sin mirar el paisaje, sin estar atento al doble rallado continuo del sinuoso asfalto en cuarentena, amartillado por el sol que nos atosigaba; disfrutando, pecata minuta, de los placeres veraniegos de una camisa abierta abrazando al viento. Todo ello sin pensar en las escafandras, en los trajes subacuáticos, en las bombonas de oxígeno, en los peces ni en las tetas que tenía que sortear para no dormirme a dos mamadas del nivel del mar.

En ese estado de semisueño diurno pensaba en las posibilidades de una boca sin dientes, esa tierra granizada por rocas blancas que tanto lastiman a las pieles rosadas extranjeras.

Los bañistas de las calas y las playas del territorio se sienten como polla en boca. El sol lleva todo el día calentando el agua para que venga un abuelo a mearse para después intentar pajear un músculo en desuso al ritmo de unas palas que vienen y que van con unos topless magníficos, impecables en su opinión: "superbes".

Playas y bocas y tetas y bocas y pollas y bocas. No recuerdo nada más.


Las llamas ulteriores de un poeta

Son convertidas en altivas alas

Enhiestas, en la tez crisálida

De un capullo en flor.


Amor, púdrete en mi corazón,

Quema la cárcel que odias.


Cuando tu piel respire sangre

Mis pulmones serán aire.

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