Nocturnidad, o júbilo, o miedo.

Cada noche interrumpo mis sábanas. Las encuentro infraganti en medio de un beso que termina cuando me meto en la cama. Qué pícaras mientras sonrío y resbalo por el tacto de seda rota que me abomina. Ése momento en que recuerdo la piel de tu sexo mientras conspiran contra mí.

Me envuelvo fuerte. Me coloco como un feto que nace cada mañana prematuramente con ganas de nacer muerto. Nacer, sin más, sin consciencia.

Sábanas como tu sexo. Sábanas como labios entreabiertos por un dedo curioso que indaga y no masturba. Como el sexo de mi madre que no tiene fuerzas para aguantarme. Como la noche que no aguanta el silencio.

Sumido en un estado de semisueño abro los ojos, pero veo la oscuridad rojiza de la sangre del interior de una segunda piel a la que me aferro con miedo. Cada noche me sumerjo en las entrañas de un humano comprado a mi gusto. No hablo, ni camino, pero recuerdo sin nacer, como pasa en los sueños que olvidamos. Puedo ver el rostro de alguien, pero no tengo tiempo.

Embalsamado por un manantial de lágrimas surgen las necesidades primarias del arrabal de la mirada. Despertarme cada mañana sofocado, intenso, violento. Calentarme con el jugo de tus ojos. Juntarlos hasta no vernos.

Jun-

tar-

nos

hasta no vernos.

Apretarnos en esa guerra de dilatar algo más que el corazón.

1 comentario:

  1. Es demasiado intenso para que pueda comentar algo a colación, simplemente decir que me ha encantado y, en cierta forma, encendido.

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