Los sentidos imposibles


Nunca pudiste mirarte los ojos sin la ayuda de un reflejo, sin la ayuda de otros ojos; nunca tus manos han podido sentirse sin sentir el peso de otra carne.

Tu misma piel acaso, pero distinta.

Los rincones que te conforman no te pertenecen, están solos sin conocer qué, sin conocer cómo vomitan los sentidos. Sólo cabe advertir que mienten, que los sentidos mienten.

Cada mirada tuya es una herida vuelta abrir de las cicatrices con las que naciste. Cuando duermes tienes costras en los ojos. Cuando despiertas, ya todo es ácido. Cuando lloras, ya todo es sangre sin color.

Tu misma sangre acaso, pero distinta.

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