Las pretensiones de la ciudad moderna no fueron más que extensiones artificiales y retoques estéticos. La ciudad ha muerto y está llena de gusanos.


"La conciencia emocional es la conciencia del mundo. La emoción se aleja del objeto para absorberse a sí misma, pero vuelve al objeto y se nutre de él. La emoción como una determinada manera de aprehender el mundo."

(Bosquejo de una teoría de las emociones, Jean-Paul Sartre)


"Mais à l'heure de la mort, ou bien dans la fièvre, ou par les recherches de l'opium, tous ces poèmes peuvent reprendre de la vie et de la force. Ils no sont pas morts, ils dorment."

(Les Paradis artificiels, Charles Baudelaire)

***

Flash. La cabeza para atrás con la nariz rojiza de pintalabios y un poco de sidral en los costados. Una conversación con Charles Baudelaire mientras me lee unas líneas de Les Paradis artificiels en voz alta. Una bocanada de opio a su salud mientras me chiva las ventajas de la droga para la creación: dale, dale. Yo le doy. Me dice que iremos juntos de la mano a su Paradis donde las mentes lloran para tener conciencia emocional sartriana.

Trash. Al despertar en el metro me toco aún sabiendo que no llevo nada más que una Magnum en la gabardina de mi bragueta, que me subo al modo gánster. Tengo pulgas incrustadas en la cera de los oídos. Nos meneamos y me empotro contra una jovenzuela con el movimiento: el peso misterioso que esconde en su sujetador es delicioso, se le marcan los pezones duros de niña perra. El cuerpo vermiforme underground se retrae y se expande con sus anillos de goma, respira por unas branquias que extrañamente me recuerdan a las puertas de las habitaciones de alquiler donde duermo. A través de su transparencia veo las vísceras de la ciudad, rebosantes de ratas mordiendo el suelo. Una cancioncilla electrónica afrancesada se distingue entre el silencio de la bacanal ovejuna que tiene lugar.

Fuck. El gusano de la ciudad no es asexual. No fornica cuando marca Iniesta (Batalla de Stamford Bridge y el inicio de la Era Barça, que no la vikinga) ni cuando España gana un mundial. Es trágico. Dulcemente trágico. Espera a impactar con otro transporte metropolitano subterráneo para llegar a su propio orgasmo en modo "sado(on)": heridas, cortes, cristales rotos, sangre, carreras en piernas femeninas, lágrimas, emoción. En estos casos Baudelaire, después de una insuflación opiada, se convertiría en un enano bailando en su propia calva diciendo: paradis, paradis, pa-ra-dis, oh mon chien! No es que al metro le vaya ese rollo, se altera cuando pasa por lugares con luz y se horroriza de su propio interior, de las miles de caras que lleva dentro engullidas, que vomita por el mismo lugar por donde respira: llamémoslo "defensa sexual".

***

Las puertas de los metros
dan aire al gusano de la ciudad
de pulmones ahumados.

Las puertas de los metros
vomitan larvas ciudadanas
que crían bajo el suelo.

Las puertas de los metros
son monturas que estudian
la estética de los muertos.

Las puertas de los metros
son branquias funestas
expectantes de sexo.

Las puertas de los metros
no se abrirán jamás
si cierras los ojos

muy fuerte,
hasta estallar.


Muerto. Metrou. Muerto. Metrou. Muerto. Metrou. Muerto. Metrou. Oh.

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