La lingüística postmoderna

1.      INTRODUCCIÓN

Navegando entre las olas del mar de la historia podemos encontrarnos con una costa infinita de preguntas de las cuales su núcleo, visto desde la lejanía que nos separa de ella, sea una incomprensión o una cuestión acerca del por qué de unos acontecimientos. La perspectiva de los sucesos históricos, sociales, políticos, económicos y culturales puede variar con el tiempo, asimilando unas concepciones de un período determinado erróneamente por la falta de ahondamiento analítico.

El presente trabajo tiene el objetivo de determinar las principales líneas de la lingüística postmoderna en tanto que aproximación a la comparación de la Modernidad en contraste con la Postmodernidad que la sucede. En el camino determinaremos las bases de las que fueron las aspiraciones modernas en consonancia con los aspectos sociales y políticos sincrónicos al movimiento artístico. De este mismo modo, podremos comprender la afectación de la cultura generada por las influencias de la masa social en la base posmodernista a partir del estudio del contexto global o local según requiera.

Como base de estudio lingüístico, así como también representa los fundamentos de la lingüística moderna, hemos decidido basarnos en los estudios de Ferdinand de Saussure como punto de partida del que poder desarrollar una nueva perspectiva del lenguaje, ya sea por las teorías que lo atacan o por sus antecedentes, todos ellos acompañantes para el mejor entendimiento del viaje histórico y lingüístico que nos concierne a través de finales del siglo XIX hasta nuestros días.

Una vez hayamos podido discernir los principales puntos de la nueva lingüística posmoderna intentaremos esclarecer las posibles aportaciones de dicha teoría aplicada a la praxis social y temporal de nuestro tiempo. Deberemos tener, además, la consideración de una posible aplicación a la enseñanza básica para la comprensión de la crisis de valores a la que estamos sometidos en el aspecto social, económico, político y cultural, y el intento de superación de estas trabas.


2.      LA MODERNIDAD Y SU HERENCIA: EL ESTRUCTURALISMO COMO BASE DE LA LINGÜÍSTICA MODERNA

A menudo las palabras que pretenden ejercer de etiquetas de un período temporal presentan la incógnita de cómo escribirse. Palabras que se mezclan en el imaginario común con una misma raíz pero que, con su desinencia, hacen cambiar su significado completamente. Éste es el caso que ocurre con el Modernismo y la Modernidad. Para ejercer un buen estudio debemos tener en cuenta que la Modernidad es un movimiento filosófico, artístico y, en suma, cultural que se inicia con la Ilustración y mengua con la Segunda Guerra Mundial. Utilizamos el verbo menguar porque una corriente artística puede perder su hegemonía en el campo cultural pero siempre habrá artistas particulares que volverán a ella y, en su mayoría, la tendrán como modelo inconscientemente, formando parte de la tradición de las artes.

La Modernidad como corriente artística está involucrada en un período temporal en el que se desarrollan nuevas perspectivas sociológicas en favor de una universalización de la cultura occidental aboliendo los relativismos de las culturas con menos participantes, si bien no menos importantes en realidad. La consecuencia del colonialismo fue la irrupción de grandes imperios europeos en lucha por la conquista del mundo. Occidente establecía, sin conocer sus consecuencias, una carrera por apoderarse del mayor número posible de territorios extranjeros para imponer su lengua, su cultura y eliminar la autóctona en la mayor medida posible. El denominado Imperialismo se convertía en neocolonialismo con una superposición de tradiciones occidentales sobre las autóctonas a finales del siglo XIX hasta principios del siglo XX.

Con este proceso universal aparece una cuestión acerca del sujeto y su carácter etnográfico. Los participantes que han visto generar una combinación entre su vieja cultura y la impuesta por Occidente se encuentran en una suerte de hibridez cultural que, según James Clifford, permite la existencia de un intercambio de subjetividades inauténticas que en cierto modo nos remite a pensar en nosotros mismos. La identidad de cada uno es el resultado de la combinación de las afectaciones culturales, sociológicas, fisiológicas y psicológicas que han construido nuestro ser tal y como lo conocemos.

Cada vez es más difícil mantener una posición cultural y política “fuera” de Occidente. Al intervenir en un mundo interconectado uno es siempre en diversos grados “inauténtico”: estamos atrapados entre culturas. La identidad es una coyuntura cultural y no por esencia.
(CLIFFORD, 1995: 53)

Gracias al neocolonialismo gran parte de las características que nos conforman han sido forzadas de manera pasiva por una cultura que iba calando en el imaginario común sin ser conscientes de ello en su totalidad. De hecho, si viajamos a otro continente con el afán de encontrar un cambio radical social nos veremos decepcionados por el encuentro del “eco de nuestra presencia”, según Segalen, del lugar donde venimos. La universalización establece, de este modo y en términos de Clifford, una “monocultura” de folklore asesinado, coleccionable de manera disecada como cadáveres de culturas creadas y revividas al placer Occidental. Con todo esto, aparecerán las primeras preguntas de las que se alimentará la postmodernidad, dudando acerca de la autenticidad artística, de una cultura retroalimentada subliminalmente y de la misma subjetividad.

Las historias etnográficas modernas están condenadas tal vez a oscilar entre dos metanarrativas: una de homogeneización y otra de surgimiento; una de pérdida y una de invención.
(CLIFFORD, 1995: 68)

La Ilustración de la enciclopedia de Denis Diderot y Jean d’Alembert intentó mostrar una dirección hacia el raciocinio y la primacía de la palabra como camino de sabiduría y de la verdad. En el campo de lingüística aparece el año 1816 una nueva línea de investigación de la mano de Franz Boop (aunque desarrollada mayormente por Jakob Grimm) centrada en el estudio histórico-comparativo entre lenguas y sus relaciones para investigar cómo se han formado las estructuras lingüísticas. Asimismo el comienzo de la lingüística moderna – y del estructuralismo – puede fijarse con la publicación del Cours de linguistique générale de Ferdinand de Saussure el año 1916. En este contexto empezamos a encontrar la importancia de la multitud de ramas del saber en relación con la lingüística y, además, la sombra del imperialismo universalizador con los antecedentes teóricos de Boop y Grimm.

La materia de la lingüística está constituida  por todas las manifestaciones de la facultad humana de hablar, en todas partes del mundo y en toda época, esto último significa que deben estudiarse también las manifestaciones escritas: los textos. La tarea de la lingüística es […] buscar las fuerzas que actúan en todas lenguas en todos los tiempos y sacar las lenguas generales a las que se puedan reducir.
(SZEMERÉNYI, 1979: 26)

Entre las principales bazas de la lingüística moderna aportadas por Saussure encontramos la distinción entre langue y parole de mención obligatoria para poder comprender toda la lingüística y semiótica que le sigue. Por un lado encontramos el conjunto de convenciones adoptadas pasivamente por la masa social (langue) para permitir la subjetividad o acto individual (parole); un elemento social de todas las demás manifestaciones que afectan al discurso humano (langage) de manera fisiológica o psicológica. En la misma línea, Saussure reconoce que existe una relación mutua entre los signos lingüísticos como redes que les dan un uso pragmático; signos relacionados arbitrariamente con objetos de su entorno; red que sería retomada por los lingüistas americanos de la segunda mitad del siglo XX con pensadores de la talla de Boas, Whitney, Sapir o Bloomfield, influenciados todos ellos por las investigaciones lingüistas europeas estudiadas hasta la fecha.

En el caso de Bloomfield esta red se recupera para establecer una relación paradójica entre lengua e individuo, considerando las variaciones lingüísticas como variaciones individuales, aunque su evolución no deba componerse por la suma de dichas individualidades. Para Bloomfield la langue saussureana existe como sistema virtual en las mentes de las personas – sin pensar en la comunidad social –, donde la parole es la lengua individual de cada persona con las distintas afectaciones que haya podido tener con distintas manifestaciones discursivas o langage.

Modernism begins with the move away from a belief in a world of ideas or substances which may be objectively known in themselves, to the apprehension of a world which can be truly known and experienced only through individual consciousness.
(CONNOR, 1997: 21)

El estructuralismo fue el heredero de la intención racionalizadora de la Ilustración, intentando demostrar la importancia de los conceptos y métodos lingüísticos aplicables a las demás ramas del conocimiento. Con el punto de partida generado por Saussure y el posterior relevo de los lingüistas americanos, la lingüística considerada como red estaba evolucionando hacia nuevas exploraciones en el marco de la lingüística y sus efectos en la praxis social. Además, con la relación entre semiótica y entorno saussureano, se establecen los elementos fundamentales para desengranar el significado del sujeto como un elemento más del exterior, preocupación que conllevará el estudio de la conciencia humana y su relación con el lenguaje desde nuevos enfoques.


3.      UN GIRO DEL ESTRUCTURALISMO MODERNO: EL POSTESTRUCTURALISMO

El estructuralismo pretendió crear un lenguaje capaz de explicar las relaciones entre la lingüística con los campos humanísticos y científicos con el estudio saussureano a partir de la evolución del lenguaje. Desde este detalle tan particular de la consideración temporal surgirá un nueva vía de estudio lingüista que critica al estructuralismo y enfoca el estudio del lenguaje desde un punto concreto en el tiempo.

Pese a todo, debemos mencionar este cambio lingüístico como giro porque las bases del estructuralismo no se derrumban, solamente varían en ciertos aspectos manteniendo temas principales como el descentramiento del sujeto, el carácter arbitrario del signo, preocupación por los materiales textuales y la temporalidad. El postestructuralismo será el paso intermedio entre estructuralismo y posmodernidad, un giro en el estudio de la lingüística que ya predecía cambios importantes, por ende, en la sociedad y el punto de vista de la exterioridad del sujeto que, en cierto modo, empieza a agonizar.

Renée Descartes habla, en sus Méditations métaphysiques, sobre un sujeto que piensa, y en tanto que pensamos, al hablar, transmitimos fónicamente nuestros pensamientos. En cierto modo uno de los pensadores franceses más importantes de la Ilustración fue el causante de toda la tergiversación que dio lugar. El postestructuralismo, según Anthony Giddens, defendió que el sujeto como yo no era accesible para sí mismo porque derivaba de una red de significaciones que le otorgaban lo que era. El sujeto se desvanecía por su independencia propia; el sujeto ya no existe en sí mismo sino que el significado de sujeto es lo que hace que exista, pero una existencia en tanto que lenguaje y la significación de éste, por lo que podemos decir claramente, que el sujeto es la materia inerte que el lenguaje reaviva.

Nietzsche y Heidegger fueron los introductorios de una posible modificación del lenguaje que podía traer importantes y nuevas instituciones. Con el “giro lingüístico” de los tiempos más recientes, hasta el concepto de individuo que piensa como base del conocimiento es dudoso. Saussure descubrió que “el lenguaje no es una función del sujeto hablante”, sino que por el contrario es el que le da voz a éste, ocupando así la primacía.
(GIDDENS, 1993: 42)

El estructuralismo y el postestructuralismo, para Giddens, son tradiciones del pensamiento muertas que no han conseguido establecer lo que pretendían: revolucionar la comprensión filosófica en relación con la praxis social. Aunque, por otro lado, estas teorías han llamado nuestra atención y nos han hecho cuestionar el valor real que tiene la realidad. Si bien con el estructuralismo habíamos visto cómo se defendía el lenguaje como medio para entrar en el mundo de los objetos, Saussure no concebía el significado como respuesta de la fricción entre signos y proposiciones sino entre signos y otros signos. De este modo el lenguaje estructuralista es autorreferencial, una metanarrativa. Jacques Lacan, otra personalidad indiscutible en este campo, nos dejó la idea que tanto consciencia como inconsciencia no existen como independientes, sino que forman parte del lenguaje.

Roland Barthes consideró este mismo tema en la literatura, donde el autor desaparece y únicamente es el lenguaje el que habla. Un ejemplo de la teoría de Barthes sería la muerte de un autor al que no añoramos ni sentimos nada no porque no lo conociéramos sino porque nuestra relación afectiva ya no se basa en verlo por la televisión sino que reside en su obra y la tangibilidad de los libros como si fuera su rostro.

A propósito del tema que nos concierne, y a modo de glorificarle, podemos poner por ejemplo el lamentable suicidio del considerado maestro de la literatura postmodernista: David Foster Wallace, autor de Infinite jest. Si bien el aire que contenía su cuerpo quedó atrapado por la soga, sus letras pudieron escaparse de la cuerda mortífera gracias a su poder de perennidad.

Desde otro punto de vista literario, en el campo de la literatura podemos observar, gracias a Joyce, la irrupción del monólogo interior en la narrativa, un sujeto mismo hablándose como sujeto, una narrativa misma hablándose como narrativa. La desaparición del sujeto es clara porque los lectores ya no se interesan por quién es el autor, sino por qué ha escrito el autor; el autor es su obra. Es más, el yo está constituido por letras que crean una forma gramatical y ni tan solo es de carne y hueso.

La figura de Borges se nos aparece en esta consideración con su relato Borges y yo como lo hicieran Rimbaud anteriormente o Vila-matas de manera posterior, relatando la relación que existe entre el sujeto escritor y el sujeto humano que vive, aunque sucumbido por su obra que lo desdibuja de la realidad  para presentarlo como un ente narrativo que habla.

Más de uno, como yo sin duda, escriben para perder el rostro. No me pregunten quién soy, ni me pidan que permanezca invariable: es una moral de estado civil la que rige nuestra documentación. Que nos dejen en paz cuando se trata de escribir.
(FOUCAULT, 2009: 30)

La degradación del lenguaje ha significado un vaciado de sentido. La palabra ya no es certera como creían los ilustrados, su sobredimensión ha conllevado a una crisis nietzscheana en la que el individuo está en crisis porque el lenguaje lo ha capturado y no consigue encontrarse. Sólo somos instancias del lenguaje sin capacidad de comprensión del significado, hasta tal punto que no podemos ni tan solo alienarnos porque no somos sujetos. Siguiendo a William Burroughs: el yo-sujeto es un concepto ilusorio.


4.      EL VACÍO MODERNISTA: LA POSTMODERNIDAD

Entendemos por Postmodernidad el corriente estético que surgió con ánimo de replantear la herencia de las principales teorías modernas muertas a mediados del siglo XX. Nacen nuevos planteamientos artísticos, filosóficos y culturales teniendo en cuenta el período temporal exacto y el contexto político, económico y social que se desprende de esta época. Claramente opuesto a las tendencias modernistas herederas del imperialismo y neocolonización, el carácter postmodernista está a favor de la relativización, en contra de conclusiones generalizables, por lo que le convierte en una corriente moldeable pero sin fines concretos; se declara en contra de los fines y en contra de la búsqueda de los orígenes, hecho que Saussure heredó de sus antecesores Boop y Grimm.

Postmodern seems that the urge to identify and celebrate the category of the posmodern has been so strong as to produce by back-formation a collective agreement about what modernism was, in order to have something to react against.
(CONNOR, 1997: 16)

Lo artificial ha superado las trabas que imponía el realismo y la mímesis que anteriormente conocíamos ahora es la copia rápidamente consumible de un aspecto que, por no ser, no es real en su sentido natural, sino como creación manufacturada por el hombre y su gracia en el empeño de artificializar el mundo cada vez más desconocido, sumido en la negrura de la vida intangible de las redes tecnológicas, que son la red actual de la parole, en la que la parole misma nos sustituye como sujeto encontrable en la intangibilidad de la red de la palabra y la significación, lo que en nuestra actualidad es la red tecnológica.

Hemos llegado a un caos como herencia del intento de racionalizarlo todo. Lo fantástico se enfrenta a la civilización; la ficción no cree en sí misma como copia de la realidad. Los escritores se ahogan en su mismo lenguaje pudiendo únicamente transmitir situaciones irónicas como las que transmiten Don DeLillo, Thomas Pynchon o David Foster Wallace en sus obras. Para Jacques Derrida nos encontramos en una “desconstrucción del significado” ocasionada en una “época sin naturaleza”. Sólo se puede concebir el mundo como metáfora, porque el significado es que no hay significado.

La postmodernidad cuestiona absolutamente todo lo que concierna a las artes porque en su gran mayoría están influenciadas por el aire racionalizador del modernismo y el intento de mostrar una generalización absoluta de un cúmulo de afinidades afectivas. Rechaza las convenciones artísticas y la domesticación de los productos culturales siempre que estén relacionados con el intento de representación. El arte, como el lenguaje, dista cada vez más de representar y comprender el mundo hasta el punto que el concepto de imaginación pierde fuerza. El arte se entiende como un elemento cultural fácilmente consumible que no requiere el esfuerzo cognitivo.

La artificiosidad postmoderna del arte reside en la falsedad de la obra, la imagen ya no se refiere al original situado en alguna parte del mundo real, sino sólo a otras imágenes, apartándonos de la naturaleza de las cosas y enmarcándonos en el mundo cada vez más mediado por el capitalismo que ha creado la red tecnológica como su propia válvula de escape. Pero la postmodernidad vive en el peligro real de ignorar los fines y los orígenes, el nivel más básico de las cosas.

Desde otro punto de vista, Michel Foucault o también llamado “el filósofo de la muerte del hombre” por sus inclinaciones nietzscheanas, rechazaba pensar en esos orígenes y prefiere evadirse de la noción de realidad en el discurso, porque el sujeto es una ilusión creada por el discurso, parafraseando a Burroughs. Debemos enfocar la teoría sin tener en cuenta ni la verdad ni los fundamentos originarios del conocimiento, porque no estamos seguros de nada y los orígenes no son, para los postmodernos, necesarios para el estudio.

Otro ejemplo más de esta representación es la que hizo Lyotard, en 1985, en la exposición high-tech llamada Les inmateriaux en el Centro Pompidou de París, donde presentó las realidades artificiales como simulacros y la obra de distintos artistas por ordenador. Con todo ello intentó señalar, como lo hizo, “que el mundo no está evolucionando hacia una mayor claridad y simplicidad, sino más bien hacia un grado de complejidad en el que el individuo se puede sentir muy abandonado, pero en el que realmente puede llegar a ser más libre” (LYOTARD, 1994: 39). Asociándonos a la erosión de la identidad, Lyotard quería transmitir la nostalgia de las ilusiones perdidas de la modernidad abrazando a la informatización y la libertad obligada, perdida en cierto modo, desvirtuada, sin significado.

Con la mención de la palabra simulacro en el corriente posmodernista es imprescindible hablar del autor que acuñó la idea como sinónimo de realidad, Jean Baudrillard. La descripción deconstructivista de Derrida de la imposibilidad de un referente fuera de la representación llega a ser, para Baudrillard, una metafísica negativa en la que la realidad es transformada en simulaciones, de las que la cultura es autosuficiente y no tiene marcha atrás porque no se puede volver a los orígenes. Con la idea de simulación Baudrillard desprestigia a la naturaleza y admite que es la cultura la única que determina la materialidad, como una sociedad del espectáculo dabordiana pero en la implosión del yo  y el entorno.

El simulacro no es nunca lo que oculta la verdad, es la verdad la que oculta que no hay nada. La simulación es verdadera.
(BAUDRILLARD, 2005: 47)

Baudrillard sostiene que la diferencia entre realidad y representación se ha derrumbado, arrojándonos a una hiper-realidad que es siempre y solamente un simulacro. Lo cultural ha alcanzado una fase cualitativamente nueva en la cual el significado y la significación han desaparecido: nos encontramos ante el siniestro vacío de todo discurso con una conciencia y un sujeto que habla muerto. Peter Sloterdijk encuentra que “el malestar en la cultura (freudiano) ha asumido una nueva calidad: aparece como un cinismo difuso y universal” (SLOTERDIJK, 2003: 64). La erosión del significado, impulsada por una reificación y una fragmentación intensificadas, hace que el cínico aparezca por todos lados.

Nunca en ninguna civilización anterior la gran preocupación metafísica, las preguntas fundamentales por el ser y el significado de la vida han parecido tan completamente remotas e inútiles.
(JAMESON, 1996: 86)


5.      EL DISCURSO LINGÜÍSTICO EN LA POSTMODERNIDAD

Hasta ahora hemos podido observar cómo ha evolucionado el pensamiento de Occidente con el paso de la Modernidad a la Postmodernidad y sus consecuencias más superficiales en el campo de lingüística pero sin detallar demasiado los cambios que ha generado dicho cambio en la ciencia específica del lenguaje. Entre otros, hemos comprobado como un período histórico de grandes núcleos de poder alcanzaban una teoría universalista como era el estructuralismo; mientras que los movimientos nacionalistas miran más una imagen relativista de lingüística.

Precisamente en este campo de la relativización del lenguaje es donde nos debemos centrar con mayor ahínco y observar cómo ha evolucionado el lenguaje como consecuencia de los cambios de las corrientes artísticas que nos conciernen en el presente trabajo. Entre los principales lingüistas antropológicos encontramos autores como Boas y Sapir, pero será sobretodo con la ayuda de Bastardas que podremos indagar más profundamente en el aspecto de la lingüística postmoderna con un detalle importante a tener en cuenta, la praxis social o el contexto que hemos ido recordando.

Al tratar la Postmodernidad no hemos tenido en cuenta otro factor: el Postmodernismo, como palabra que determina el período histórico en el que se desarrolla la corriente artística; espacio temporal a tener en cuenta sobre todo por las actitudes políticas que tienen lugar más allá del interés artístico y que generan unos factores determinantes para la que será una nueva lingüística. Estamos hablando de movimientos en contra todo aquello que irrumpió con el Modernismo, como son por ejemplo movimiento anti-globalización, los nacionalismos regionales y los movimientos verdes o medioambientales.

En este período el discurso narrativo le gana la partida al científico, que había estado presente como la vía primogénita del saber desde la Ilustración. La razón ya no tiene validez en un sistema donde realidad y ficción no se pueden discernir y de la que solamente tenemos teorías de la realidad en tanto que simulacro y en tanto que espectro nihilista de la sociedad, de aquí que el uso de la metáfora para la comprensión sea importante y tenga un papel relevante escondido entre las páginas irónicas de la literatura postmoderna.

Leyendo a Lyotard, podemos establecer que existe una tergiversación del concepto de orden y desorden. Si el primero estaba considero como racional y bueno, su significante da un giro para convertirse en lo que era su antónimo, generalmente considerado como caótico y malo. Ahora bien, en este caso la condición postmoderna parece ir a los inicios de algo que nos queda muy lejano y de la que formamos parte ambiguamente: el universo y el caos original. En este caos debemos saber distinguir nuestros factores regionales y convertir la política en un aspecto, siguiendo la terminología creada por Bastardas, “glocal” para controlar sus efectos e intervenir.

Debemos criticar la imagen materialista del mundo y concebir este caos de la fragmentación universal ilustrada en un sistema “holístico”, según Bastardas, esto es estudiar el todo por las partes y las partes por el todo recíprocamente. Situarnos en un punto intermedio de las dos concepciones y permanecer arrítmicos, sin ceder ante un modelo u otro de pensamiento o concepción. Dejando atrás este aspecto, encontramos en la metáfora una situación irreverente a la Modernidad y su herencia estructuralista.

Una de las principales ramas que han surgido recientemente para alimentar a esa metáfora necesaria es la ecolingüística, a partir de la cual se ha dibujado una alegoría de la lengua como sistema de la que nosotros formamos parte como suma de partículas biológicas. El papel del contexto cada vez es más importante y este es un caso ejemplar. Si en el Postmodernismo habían surgido nuevas corrientes políticas en contra de las acciones del Modernismo, se traspasan esos mismos valores a las corrientes artísticas, encontrando una solución válida como rama de la lingüística.

Así, entonces, encontramos una terminología metafórica constituida en la red del lenguaje con palabras derivadas del campo de los movimientos anti-globalización o de protección medioambiental, como son por ejemplo palabras como lengua dominante o débil, supervivencia de una lengua, invasión de otras lenguas, ecosistema u otras muchas formas gramaticales que favorecen a la imagen de un mundo como metáfora-ecosistema para comprender la natura de la que nos habíamos alejado tanto con el postestructuralismo.

He emphasizes the reciprocity between language and environment, noting that what is needed is not only a description of the social a psychological situation of each language, but also the effect of this situation on the language.
(HORNBERGER, 2008: 43)

En la Postmodernidad hay dos interpretaciones relativas a la metáfora que entran en conflicto. Por un lado tenemos la metáfora como herramienta de investigación sustituta que, hábilmente utilizada, revelará la realidad objetiva y que todo nuestro mundo está construido por prácticas lingüísticas y sociales. Pero por otro lado tenemos la metáfora moderna de la lengua como responsable de la abolición de la subjetividad y etiquetadora de la realidad. Debemos alejarnos de las metáforas que nos consideran como nombres, acciones verbales o cualidades nombradas por adjetivos; tenemos que separarnos de esa realidad violada por el lenguaje sabiendo aprovechar sus propias bazas y encontrando la terminología metafórica adecuada para relativizarnos. 
Igualmente con el recurso de la metáfora del lenguaje como sistema en relación a la terminología importada de la política y los movimientos verdes i medioambientalistas, existe también un gran número de neologismos como fruto de esa relación entre lenguaje y contexto histórico-social. Estas palabras derivadas de los movimientos mencionados han sido difundidas gracias, mayormente, a los medios de comunicación que, como siempre, ofrece un impacto importante en la recepción de la masa social. La rentabilidad de estas palabras reside en la utilización del prefijo eco-, acrónimos, unidades multipalabra, términos importados de las ciencias biomédicas a la lingüística o términos políticos.

Desde el punto de vista de la enseñanza, la aplicación de los axiomas postmodernistas y la coyuntura de estos deben aplicarse a la educación como un discurso lingüístico nuevo al que hacer frente, como lo hacemos en sus connotaciones políticas y sociales. Para enseñar correctamente debemos tener presente lo que sucede fuera de las aulas, el contexto del que hablábamos anteriormente tiene cabida en esta pretensión de establecer una relación entre la educación y la nueva pragmática de la lengua.

Sumidos como estamos en período obscuro socialmente hablando, podemos dejar abierta la puerta a la consideración de una época de bonanza creativa, donde la imaginación aflore en substitución del afán por explicar la realidad, que ya no conocemos como la de antaño y que se presenta como una ficción. El Siglo de Oro se desarrolló en un contexto socio-económico similar, de crisis, penuria, enfermedad y pobreza. En el presente, con un mundo enfermo medioambientalmente, con la crisis económica que nos acecha y la carencia política de la que somos víctimas, ¿por qué no pensar en una nueva época áurea donde la Generación Perdida de finales del siglo XX y el siglo XXI sea la protagonista?

La obstaculización del conocimiento postmodernista, generado como respuesta al raciocinio ilustrado, conlleva a la obligatoriedad de la no exención o alejamiento de la educación de los efectos o repercusiones que han surgido de la condición postmoderna y que ejerce, de manera irremediable, un gran ejercicio de reflexión sobre cómo emprender la concienciación en la enseñanza más básica. Una enseñanza en la que, antes que las razones, pueda mostrarse el caos de las cosas para poder comprender mayormente la sociedad, la política, la economía, la cultura y, en suma, la etapa en la que nos ha tocado existir desde nuestra infancia para encontrar una solución a la crisis del hombre y todas sus creaciones.


6.      CONCLUSIÓN

Una vez acabado el periplo por el espacio temporal de finales del siglo XIX y sobre todo del siglo XX, llegamos a la orilla de las preguntas arduas que nos consternaban como afán de conocimiento sobre el análisis acerca de la lingüística postmoderna en relación con sus antecedentes teóricos en los aspectos del lenguaje y los político-sociales de los dos movimientos artísticos principales: la Modernidad y la Postmodernidad.
           
Englobada cada corriente artística en un período histórico, hemos podido observar la importancia del contexto que residía en torno al movimiento cultural. En un primer caso, la Modernidad optaba por las generalizaciones herederas de la Ilustración y el Imperialismo de las grandes potencias europeas en un intento de homogeneizar el mundo y crear representaciones mediante la palabra y el raciocinio que mostraran la realidad como mímesis.
            
En el Postmodernismo como período temporal, y gracias a grandes pensadores que han ayudado al colectivo a ahondar en las consecuencias del Modernismo, se condenan las acciones cometidas por ese ánimo homogeneizador. Este mismo conflicto lo encontramos en las vertientes artísticas de cada tiempo, en las que la Postmodernidad critica las bases ilustradas mezcladas con el contexto político de la Modernidad.
            
En el campo de la lingüística podemos separar estas dos periodizaciones en el estructuralismo, con Ferdinand de Saussure al frente, y el postestructuralismo, que condena la supuesta muerte del sujeto por culpa del lenguaje y aboliendo el significado de las palabras por la sobredimensión de estas. De repente, gracias al ánimo esclarecedor de la realidad de la Modernidad, nos encontramos con la mayor crisis artística en lo que se refiere a pensamiento.
            
Existe cierto vacío modernista condenado por la Postmodernidad hasta tal punto que se pretende obviar la relación con los orígenes y los fines del movimiento. Sólo se debe mirar hacia delante sin pretensiones demasiado apartadas, sin ningún fin que componga delimitaciones a un arte que está muerto, como lo está el sujeto y como lo está todo lo que concierne a la cultura. Únicamente queda la palabra enferma, indómita entre los abismos del presente, que debemos aprender a dominar como la creó el Modernismo, teniendo en cuenta el contexto en el que nos encontramos política, social, económico y culturalmente.
            
La respuesta que hemos intentado mostrar es el estudio de la conjunción conformada por el período histórico y la corriente artística que, como si fuera el barco de la historia que navega entre las aguas apacibles del arte, deben ir cogidos de la mano para entenderse, comprenderse y buscarse una significación de la que son recíprocamente partícipes como dependientes el uno del otro.
            
Ante el caos y ambigüedad postmodernos nos encontramos con una realidad conquistada por la universalización de la palabra modernista-ilustrada y de la que únicamente podemos escapar mediante el uso de la metáfora. La alegoría de los sucesos que acontecen en el Postmodernismo como tiempo serán los únicos capaces de hacernos escabullir entre la pérdida de significado y las cabezas cortadas de cada una de las artes.
            
De este modo, ante una creciente sensibilización con el movimiento ecologista y la relativización geopolítica, encontramos en la Postmodernidad la alegoría del lenguaje como ecosistema del que formamos parte biológicamente. Si la Modernidad había eliminado el sujeto en pos del lenguaje, la condición postmoderna gira el significado de lo que era orden y desorden para poder encontrar una salida.
            
Una puerta de socorro conformada, en gran parte, por la lingüística postmodernista a la que nos hemos intentado aproximar; dotada de una gran terminología relacionada con los aspectos ecologistas, políticos, económicos y sociales del momento que debemos tener en consideración en la enseñanza más básica. Debemos mostrar la penumbra de la realidad desde el comienzo, sólo así podremos idear nuevos caminos, nuevas soluciones y, en suma, hacer que la lingüística sea un elemento dinámico que nos acompañe tanto en la línea de la historia como en la evolución artística.


7.      BIBLIOGRAFÍA

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SZEMERÉNYI, Oswald; Direcciones de la lingüística moderna, Gredos, Madrid, 1979.

1 comentario:

  1. Me lo voy a imprimir y leer tranquilamente -lo siento árbol. En la primera lectura diagonal me ha parecido muy interesante, y con muchas cosas sobre las que hablar. A ver si puedo.

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