Venerado alzheimer


Ya no conozco los recuerdos
de arena del castillo de tus días.

La ignorancia me envuelve
en un calcetín de felicidad.

Dónde no veo en mis ojos,
la cicatriz de tu imagen
donde no veo.

Me siento efervescente,
enjugado en líquido materno
que me desintegra despacio.

¿Por qué recordar
el segundo abatido?

¿Por qué existir
si la nada es tan bella?

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