Cuatro lengüetazos con frenillo y marcha atrás


Escondida entre las nalgas a medio abrir
de las palabras con retortijones que erutan,
expulsando tinta negra a soplos y alaridos,
superpone su trivialidad a su materialidad
con una levedad con cola admirada entorno.

La recta que se extiende viril debajo de ella
se presenta aciaga para el membrillo escocido
que se deja caer al vacío por incercia inocua,
manchando con vocación iniciadora el cuerpo
del que un punto anarquista y okupa se aleja
para saciar la vorágine del espacio en blanco.

Y quién lo apunta, lo tutea hasta oír el chillido
de una niña disfrutando del cunilingus ilícito,
bastardo amigo del pene señorial, esperpento
de una diéresis jugando a poner(se) de perfil
para amamantar su propia erección femenina.

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