Acaso cuando sales de la cama, ¿nunca vuelves la mirada?


Despiertas entre las vísceras de la noche. Manchada de sangre, barro y vestidos rotos. Dejada a las orillas de cada labio que te toca, la espuma de tu boca recién levantada ya no es más que el recuerdo de un oleaje caduco.

Soñolienta levantas las sábanas de hombres a tu alrededor. En tu caminar los acaricias, pisoteando sus espaldas febrilmente, a patadas de arañazos. Te vistes, corrompida, horrorizada por una noche de vástagos de hiedra arrimados a tus piernas.

Apartas tu cabello y reluce la única parte virginal de tu cuerpo, la promesa inconclusa de la nuca con la que secretamente despierto, cada mañana, náufrago de ti.

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